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Friday, January 31, 2014

El secreto de la felicidad

El rey Jorge V, escribió en la guarda de la Biblia de un amigo, "El secreto de la felicidad no es hacer lo que te gusta hacer, sino aprender a que te guste lo que tienes que hacer." Demasiados piensan en la felicidad como una especie de cosa que se descubre mediante la búsqueda constante e implacable. No se encuentra mediante la búsqueda. No es un fin en sí mismo. Ollas de oro nunca se encuentran al final del arco iris, como estamos acostumbrados a pensar desde que éramos niños, el oro se extrae de la tierra o extraído laboriosamente de un arroyo de montaña.

Jesús dijo una vez a sus discípulos: "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." Las "cosas" que Él habló son las cosas que nos hacen sentir feliz y seguros de la comida, bebida, ropa, refugio. Él nos dijo que no hiciéramos esto el objetivo principal de nuestras vidas, sino que al "buscar el reino", estas necesidades se nos suministraran de forma automática. Por lo tanto, el buscar su reino y su justicia, es el secreto de la felicidad.

Wednesday, November 27, 2013

OSCURIDAD Y SILENCIO

“Todo tiene sus maravillas, incluso la oscuridad y el silencio, y yo aprendo, cualquiera que sea mi situación actual, a estar contenta”. Helen Keller.

Esta cita toma un significado especial cuando conocemos la vida de la autora. Deja de ser sólo una frase bonita  y nos lleva a ser agradecidos con lo que somos y tenemos.

Helen Keller nació el 27 de junio de 1880 en Alabama, Estados Unidos. Era una niña perfectamente saludable hasta que, a los 19 meses de edad, contrajo una enfermedad que la dejó sorda y ciega.

A los siete años había inventado más de setenta señas diferentes con las que podía comunicarse con su familia. En 1887 sus padres se contactaron con Anne Sullivan, una maestra de la escuela de Ciegos en Watertown,  Massachusetts, que con sus 20 años de edad pudo enseñar a Helen a pensar inteligiblemente y a hablar usando el método Tadoma que consiste en tocar los labios de otros mientras hablan, sintiendo las vibraciones y deletreando el alfabeto en la palma de la mano. Helen no sólo aprendió a comunicarse así, también aprendió a leer francés, alemán, griego y latín en braille.

El 28 de junio de 1904 Helen se graduó "Con Honores" de la Universidad de Radcliffe, siendo la primera persona sordo - ciega en obtener un título universitario. Ese mismo  año habló por primera vez en público en la exposición de San Luis.

Helen se convirtió en una gran oradora y autora mundialmente reconocida. Fue precursora en la lucha por las personas con discapacidades sensoriales y en 1915 fundó “Helen Keller International”, una organización sin fines de lucro para la prevención y tratamiento de la ceguera. En 1964, Helen fue galardonada con la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto premio para personas civiles otorgada por el presidente Lyndon Johnson. Un año más tarde fue elegida como La mujer del “Salón de la Fama” en la Feria Mundial de Nueva York.

Poco antes de su muerte en 1968, a la edad de 87 años, Helen Keller le dijo a un amigo: "En estos oscuros y silenciosos años, Dios ha estado utilizando mi vida para un propósito que no conozco, pero un día lo entenderé y entonces estaré satisfecha."
El 1 de junio de 1968, en Arcan Ridge, Helen Keller murió mientras dormía.

Las discapacidades de Helen nunca fueron un obstáculo y su vida fue plena. Ella sabía  que Dios tenía un propósito con su vida y procuró dar lo mejor de sí para cumplirlo.
Es difícil imaginar lo complicado que puede ser vivir con las discapacidades físicas que ella tenía y más aún cuando las innovaciones tecnológicas no son las que conocemos y que de alguna manera han contribuido a hacer más fácil nuestra vida.

Pese a todo, Helen fue una mujer que dejó una huella muy importante. No se dedicó a culpar a Dios ni a cuestionar sus propósitos, ni se escondió en su casa esperando su muerte. Por el contrario, buscó cumplir el propósito que tenía aunque no conocía cuál era y más allá de eso, estaba contenta con sus circunstancias.

Siendo honestos con nosotros mismos, admitiremos que ante circunstancias más sencillas nos hemos sentido derrotados, frustrados, nos hemos  molestado con Dios porque creemos que nos ha abandonado  y hasta le hemos exigido explicaciones o el cambio inmediato de una determinada situación, cuando en realidad deberíamos agradecer por todo, aunque no lo entendamos y confiar en que Él tiene un propósito en nuestras vidas.

“Y den gracias por todo a Dios el Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Efesios 5:20
Sin importar cuál es tu situación actual, ni los problemas que estés atravesando, descansa en Dios, confía en sus propósitos y agradécele por las circunstancias que estás pasando, recuerda que sus pensamientos son más mejores que los nuestros.

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”.
Isaías 55:8,9

Monday, September 9, 2013

Carta de un hijo (a)

Carta de un hijo a todos los padres del mundo
Queridos papito y mamita:
·        No me des todo lo que pido; a veces sólo pido para ver hasta dónde puedo lograr.
·        No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar yo también… y no quiero aprender a hacerlo.
·        No me des órdenes a toda hora. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras un favor, yo lo haría más rápido y con mayor gusto.
·        Cumple tus promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; y también si es un castigo.
·        No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mis amigos. Si tú me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me haces quedar peor que los demás, seré yo quien sufra y quede humillado.
·        No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer; decide y mantén tu decisión para que yo sepa a qué atenerme.
·        Déjame valerme por mí mismo; si tú haces todo por mí, yo nunca aprenderé a hacerlo por mí mismo.
·        No digas nunca mentiras delante de mí y mucho menos me pidas que yo las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro; me haces sentir mal y perder la fe en lo que tú dices.
·        Cuando yo haga algo malo, no me exijas que diga el por qué lo hice, a veces ni yo mismo lo sé.
·        Cuando te equivoques en algo, admite tu equivocación; crecerá la opinión que yo tengo de ti y me enseñarás a admitir también mis equivocaciones.
·        Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus mejores amigos; porque seamos familia, eso no quiere decir que no podamos ser también amigos.
·        No me digas que haga una cosa que tú no eres capaz de hacerla. Yo aprenderé con tus ejemplos e imitaré siempre lo que tú hagas, aunque no me lo mandes; y no haré lo que no te vea hacer, aunque trates de exigírmelo.
·        Enséñame a conocer y amar a Dios y hablar con Él, no importa si en el colegio me quisieran enseñar o no; porque de nada vale el colegio, si yo veo que tú ni conoces ni amas a Dios, ni le oras.
·        Cuando te cuente un problema mío, no lo andes divulgando.
·        Nunca me digas no tengo tiempo para tus boberías, eso no tiene ninguna importancia. Trata de comprenderme y ayudarme.
·        Quiéreme mucho y dímelo. A mí me gusta oírlo, aunque tú no creas necesario decírmelo.
·        Trata de comprenderme. Tú también pasaste por mi edad, aunque a veces pareces olvidarlo.
·        No puedo ser perfecto; nadie lo es; tienes que tener paciencia.
·        No me trates como a un niño pequeño. Acepta que voy cambiando y me voy haciendo mayor.
·        Escucha mis opiniones y decisiones y cuando no estés de acuerdo o me des una orden, dime las razones que tengas.
·        No me desanimes; al contrario, dame ánimo y reconoce mis esfuerzos, progresos y realizaciones.
·        Trátanos a todos tus hijos por igual. Que ninguno sea tu preferido y que ninguno de nosotros sienta que te cae mal.
Te quiere mucho,
Tu Hijo (a)